Ya no seamos México…comencemos a ser mexicanos

Ante la crisis que actualmente se vive en materia diplomática con los Estados Unidos, se ha despertado de efervescente manera una sensación de Unidad Nacional en la que se llama a movimientos como: desde el “boicot” a marcas extranjeras, a poner banderas en WhatsApp, reafirmar nuestros símbolos nacionales y utilizar #hashtags en las redes digitales y una innumerable cantidad de acciones que reafirmen nuestra identidad y unión como mexicanos.

Al grito de “Adiós: ____, hola: ____” cada día encontramos desde los famosos “memes” e imágenes con un toque de humor y sarcasmo, hasta noticias de corte más sensacionalista, que en algunos casos y esperando no se salgan de control, pueden ocasionar una “gringofobia” con consecuencias o acciones más radicales.

Pero, ¿realmente esta amenaza viene de fuera de nuestro territorio? ¿Es justo ahora que comienza, o ya se estaba “cocinando” desde tiempo atrás? ¿Es Donald J. Trump la personificación de la verdadera amenaza a los mexicanos y su unidad?

Pensemos en muchas frases trilladas y satanizadas, preguntas básicas que siempre obtienen un dejo de burla al responderse, pero que admitámoslo, son básicas:

¿Tira usted basura por las calles? ¿Cede usted el asiento reservado en el transporte público a personas con discapacidad física, mental o de la tercera edad? ¿Ha copiado en un examen? ¿Ha tomado sin permiso algo que no le pertenece? ¿Se ha pasado un semáforo con luz roja solo porque nadie lo ve? ¿Ha ofrecido dinero a algún servidor público a cambio de la condonación de una multa o infracción? ¿Ha rehuido de alguna consecuencia a causa de sus acciones con un: “yo no sabía”, “a mí nadie me dijo”, “no estaba enterado”, “fue él” o “fue ella”?…

Y es que mientras el grito de guerra de esta semana ha sido el “boicot” a marcas de origen estadounidense, poner banderas y decir “lo gringo apesta” -creo y quiero creer que sin darnos cuenta, estamos cayendo en lo mismo que criticamos- viene a mí la pregunta: ¿estamos encaminando esta energía y unión en una dirección adecuada y enfocada en una verdadera reacción nacional, que permita estabilidad, crecimiento y un verdadero revulsivo en nuestra tan llevada y traída “identidad mexicana”? ¿O es esa “picardía” de la que hacemos alarde pero nos quejamos cuando se vuelve en nuestra contra?

Si analizamos el punto desde la perspectiva económica, no podemos caer en un dejo tan simplista y ocasional acerca de las medidas que conlleva cortar de tajo el consumo de productos que no se producen en nuestro país, sin olvidar tampoco que lamentablemente nos hemos anclado como rémoras a la economía del vecino país del norte. Es incorrecto creer que estas medidas apoyan y reafirman nuestro compromiso con los connacionales que, seamos sinceros, de hecho trabajan en estas tiendas, fábricas e industrias que generan empleos en nuestro país. No con ello aliento su consumo, pero tampoco promuevo su desprecio y reaccionariamente el veto de facto a todo lo extranjero.

Simplifiquemos el ejemplo: si cerramos todas las cafeterías Starbucks de la Ciudad de México, ¿hay la suficiente oferta de empleos para que los trabajadores de dicha cadena logren colocarse en algún otro trabajo y no se desestabilice así a sus familias? ¿No sería más viable obligar _a través de nuestras quejas como consumidores y exigencias de igual manera_ a verificar que esta franquicia consuma a productores cafetaleros mexicanos a precios justos? Le entiendo lector: mi ejemplo es llano, simple y burdo; pero deme usted la respuesta, ¿estamos tan fuertes para cerrar este negocio como otros tantos en aras de la “unidad” y demostrarle a la economía estadounidense que no la necesitamos si ella no nos necesita?

Podríamos desmenuzar uno a uno de los argumentos que se nos presentan y encontrar pros y contras. La idea de ejecutar un análisis no es que tomemos decisiones ligeras y “valentonas”; se trata de que estructuremos esta unidad para un desencadenamiento de acciones positivas. Un consumo de mercancía y productos nacionales que permita un mercado interno fuerte y diverso, y que a su vez impulse una creciente necesidad de materia prima interna, y que por tanto genere oportunidades de empleo. Una cadena positiva, no una reacción bravucona que pueda crear mayores males a los que ya de por sí tenemos en puerta.

Y aquí es donde retomo la parte de la admiración de la sociedad mexicana por la unión de las economías europeas. Ese cotidiano rubor y admiración debido a que en los países nórdicos leen más y tienen servicios excepcionales -claro, con un nivel alto de pago de impuestos-, mientras la frase cotidiana del mexicano -no por ello menos cierta y justificada- es: “¡¡¡Pinche gobierno ratero!!!

Como lo he dicho en colaboraciones anteriores, y lo sostengo, a los mexicanos nos quedan muy bonitas: la ola en los estadios, las vallas humanas para recibir al Papa y las tandas; pero cuando realmente la necesidad apremia, dejamos y delegamos la responsabilidad de las acciones en manos terceros. ¿Por qué? Porque es más sencillo repartir golpes y culpas, que aceptar errores y responsabilidades.

Si, mexicano: únete contra la amenaza estadounidense e indignate por el cerrar fronteras y crear un muro, pero no dejes de marchar y presionar para que en este país se respeten tus derechos junto con el de todos los mexicanos. Sí: cierra filas en torno a tu Presidente y tu Congreso, que deberán pelear por exigir: que se respeten los más mínimos y básicos derechos humanos de nuestros connacionales en dicho país, que se “baje” de la agenda la construcción del famoso muro fronterizo y el pago del mismo; pero no por una dádiva, sino porque es su obligación y para ello les elegimos y se les paga -mucho más que bien-; pero no olvides y exige cuentas claras y no más “casas blancas y viajes de extrema ostentación” cuando hay necesidades más apremiantes. Sí, mexicano: deja de consumir Starbucks… si éste no hace pagos justos y decorosos a productores mexicanos, pero también si su franquiciaria no tiene un trato mínimo de respeto por los derechos laborales de todos sus trabajadores en tu propio país.

Sí, mexicano: no vayas a Walmart, ve al tianguis y consume verduras frescas y que sean nacionales, que apoyen al productor y al campo mexicano; pero cuando vayas no tires basura en la calle, no te pases la luz roja del semáforo ni te estaciones en doble fila, frente a un hidrante o en el lugar asignado a personas con alguna discapacidad porque nadie te ve o nadie reclama. Esa educación nórdica que admiras, tenla en tu propia tierra.

Sí, mexicano: no compres un vehículo Ford, GM o Chrysler si con ello haces patente que no estás de acuerdo con la salida de inversiones de tu país; pero no desperdicies agua cuando laves tu vehículo, no circules los días que no te corresponde, paga tus impuestos correspondientes al auto en cuestión y no pagues “mordida” para “brincarlo” de la verificación, sea cual sea la marca de tu automóvil. Si no cuenta con las condiciones mecánicas adecuadas, contamina y nos afecta a los que aquí vivimos: créeme que también, pero en menor medida, al dueño de dichas empresas automotoras.

Sí, mexicano: indígnate porque el “gasolinazono tiene madre. Te apoyo y estoy contigo, porque tampoco estoy de acuerdo con el mismo, pero deja de ofrecerle mordida a los policías de tránsito porque no tienes tus papeles en regla. Deja de fomentar la corrupción “porque aquí te toco vivir” Sí: pon las banderas que quieras en WhatsApp, en Facebook, en tu auto, en tu casa… pero también aprende historia de tu nación, de tu país. Lee, cultívate, fomenta un espíritu crítico y no tomes por verdades cuantas notas veas. Selecciona dentro de tu cultura materiales que te aporten algo más allá de los libros auto motivacionales. Es mucho más importante saber de dónde viene tu nación y cómo se formó para defenderla, honrarla y respetarla trabajando dignamente todos los días, que saber si el Monje ya logró vender su Ferrari.

Sí, mexicano: deja de robarte las cosas de la oficina porque en tu casa también usas clips. Deja de llamar héroe al que abusa de su autoridad y prepotencia, y de honrarlo con memes y videos llamándolo Lord o Lady, y riéndote de cómo esa prepotencia y estupidez pone en muchos casos en riesgo a más personas. Sobre todo, deja de compartirlo en redes pensando que con ello estas dando un ejemplo a quien lo vea de lo que no debe de hacer, y creyendo que tu aporte va en función de los likes o veces que se comparta tu opinión en los medios electrónicos y digitales.

Hay mucho trabajo por hacer: viene aún más fuerte el reto y el camino no es fácil. Depende de nosotros, de nadie más; se vuelve más complicado porque implica cambios de costumbres y desarraigo de malos hábitos, pero también ahí está el reto más importante: saber si, como sociedad, somos capaces de ser México o simplemente somos la idea de lo que debemos ser, siguiendo al límite de nuestras quejas, y quejándonos de nuestra falta de acción… desde nuestro sillón.

Antes de dejar de consumir porque sí los productos extranjeros -insisto en que lleva un toque de verdad la medida-, deja de vanagloriar y llamar “chingón” al que rompe y resquebraja las normas, y de llamar “pendejo” al que trata de actuar correctamente. Cuando al fin demos ese paso, podremos decir que vamos avanzando. En tanto nuestra decisión y unión se base en hashtags como: #MexicoUnido y #TodosSomosMéxico no seremos nada, y seguiremos siendo solo lo que no deberíamos aspirar a ser: un país de revoluciones “panfleteras”, mediáticas, pasajeras y sin sustancia, por el simple hecho de que “sale más fácil” quejarse que poner manos a la obra y trabajar en lo que realmente queremos lograr, ser un México de mexicanos…trabajando día a día por ser mejores…lo difícil es dar el primer paso y cuando lo demos, no dejar de avanzar.

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