Ser como Trump lleva al éxito

Por José Raúl Torres Domínguez

 

Temas como el Bullying, la violencia social, el racismo, la xenofobia y la intolerancia habían sido obstáculos que la sociedad occidental parecía querer vencer. Enaltecimos los Derechos humanos, la diversidad de conductas y pensamientos, la aceptación y la inclusión multicultural como si fuesen anhelos reales y auténticamente insertados, al menos, en la mente colectiva de las generaciones más jóvenes. #LoveWins fue Trending Topic y lo celebramos en todo el mundo; nos horrorizamos con el terrorismo en Medio Oriente y Francia junto a todo lo que ello implica; la lucha contra la violencia hacia la mujer, el repudio a crímenes gubernamentales y atentados a grupos minoritarios y en situación de vulnerabilidad llegaron a niveles hasta excesivos, al grado de que la corrección política comenzó a incomodar en medios de información y hasta la expresión personal de cada individuo.

Todo lo anterior hizo que las susceptibilidades se ofendieran con demasiada facilidad, al grado, que hasta la defensa de un ideal basado en una diferencia no degradante, pero imperante, podía resultar en una controversia enorme y hasta innecesaria y tonta. Sin embargo, aún hay gente que se siente intolerante ante ciertas cuestiones como la raza, el origen, la religión o algunas conductas privadas de los demás; ese aspecto aumenta y se hace viral entre la gente cuando se perciben crisis de credibilidad hacia las instituciones y grupos políticos ante problemas cotidianos y graves que se padecen como la falta de abastecimiento de servicios, inseguridad, violencia y desempleo. Esto hace que las luchas que habíamos estado emprendiendo se vean derribadas y los prejuicios y estereotipos imperen de nuevo como un mecanismo de defensa impulsivo, visceral e irracional con tal de ver solucionadas rápidamente y para siempre está necesidades, que sin embargo no dejan de ser comprensibles, urgentes e importantes.

Y es justamente el que todo esto se cáigale que hace que personajes como Donald Trump nos den muestras de que los valores que perseguíamos no son reales ni solucionan problemas. Pero, peor aún, nos da una lección sobre manejo y desarrollo personalmente son moralmente preocupantes, pues enseñan que ser totalmente opuesto a aquellos valores que tanto defendíamos no lleva a nada más que a ser cuestionado, excluido y a no resolver nada sobre los temas primordiales en las agendas cotidianas nacionales y locales.

Donald Trump se ha manejado toda su carrera como un showman, un hombre que sabe entretener, decir cosas que uno, sea por empatía, risa o morbo, quieres escuchar. Y parte de su show se basa en la humillación. “The Aprentice” fue un show basado en ver cómo el magnate hacía ver A SUS EMPLEADOS sus fallas, errores, defectos y hasta aspectos y conductas vergonzosas durante el concurso; todo mediante los regaños, la humillación y las ofensas. Las comparaciones de su fortuna y logros empresariales con la de sus empleados concursantes, ostentando su opulencia para apantallar a los mismos y al espectador. Pero eso es espectáculo, ¿no? La cámara y la necesidad de entretener a la audiencia lleva a generar personajes que nada tienen que ver con nosotros, ¿Eso hizo Trump, no?

Pues su campaña y escándalos dicen que no. Comentarios misóginos y machistas, como hacer referencia al peso de una reina de belleza de manera despectiva, o a la actitud de una mujer achacando éste a su periodo menstrual burlonamente, entre otros comentarios, dan fe de su machismo arraigado y franco. Designar a toda una diversidad hispana inmigrante la generalidad de  mexicanos, echarles la culpa del desempleo y la inseguridad y asegurar que el calentamiento global es una invento de los chinos, muestran su mente retrógrada, ignorante, indolente y arcaica. Su claro desprecio hacia sus subordinados y hasta los propios electores, mostrado en la for,a de hablarle hasta a la audiencia como si de un regaño o una orden se tratase, además de expulsar mediante la fuerza a periodistas que no le agradan y a personas que protestan en su contra, y hasta a una madre con un infante, dan testimonio de que se trata de un malcriado niño de papá, ególatra y egoísta.

Esto puede llevarnos a decir que su campaña entera fue un gran show. Si el Donald Trump de la televisión era un personaje, fue el que hizo campaña y llevó a la victoria al verdadero Donald J. Trump. Pero es de ponerse en tela de juicio que en una campaña electoral haya mucho espacio para mantener un personaje en cada momento público o no. Así que sí, los votos fueron para el que no cree o dice no creer en el calentamiento global, para el hombre que se expresa terriblemente de las mujeres y está casado con una mujer migrante a pesar de su discurso xenófobo y racista, que ha desatado tantas manifestaciones contra él, como a su favor y expresiones de racismo hacia migrantes y hasta poblaciones afroamericanas.

Entonces ¿Qué nos enseña el hecho de que el voto popular lo haya ganado este hombre? Pues nos indica que a los norteamericanos les atrae el candidato que les habla a todos como si fuesen sus empleados, por lo que agradó, más que el liderazgo, el mando. Nos enseña que el bullying, el racismo, la xenofobia y el contradecirse en mil y un ocasiones, mostrando incoherencia total, llevan a que te sigan y te elijan presidente.

Un hombre de estas características se propuso algo y lo obtuvo; lo que enseña a las futuras generaciones, a las que queremos enseñar respeto, unión, tolerancia, inclusión y aceptación de la diversidad de razas, culturas y conductas, es que nada de eso sirve si quieres llegar a donde quieres. Ser como Donald Trump lleva al éxito.

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