¿PUEDE MEJORAR LA IMAGEN DEL PRESIDENTE?

Por: José Raúl Torres Domínguez

En los últimos años, sobre todo desde el 2014, el tema principal en redes sociales y demás medios de comunicación ha sido siempre la crisis de aprobación, popularidad, credibilidad y gobernabilidad del Gobierno Federal actual.

Los partidos políticos han tratado de desmarcarse del partido gobernante promoviendo eventos de debate entre jóvenes, cuyo target es, principalmente, los estudiantes de entre 15 y 25 años de edad. Se ha visto claramente que estos espacios demuestran, o al menos pretenden demostrar, una apertura hacia las opiniones de los civiles, específicamente, de los jóvenes estudiantes, próximos a ser determinantes en las elecciones de 2018 en nuestro país.

Una máxima de la imagen: la percepción de la titularidad permea en la institución, y la imagen de la institución permea en sus miembros. Es claro que los partidos políticos mexicanos en general tratan de que la imagen del partido gobernante no permee en la imagen de todo el sistema partidario.

Es así que es posible darse cuenta, al menos en una rápida vista a las formas de expresión cotidiana, que el sector gubernamental y político con peor percepción de la gente, son el Ejecutivo Federal y el Partido de la Revolución Institucional

Enrique Peña obtuvo la victoria con 19, 226, 784 votos, es decir, el 38.21% de la votación emitida. Su contrincante más próximo fue Andrés Manuel López Obrador, con un 31.59%. Esto quiere decir que el 61.79% de los electores que sí votaron en 2012 por un partido, no votaron por él. Usaremos este ya de por sí bajo porcentaje de voto para ganar una elección, como nivel de aprobación del Ejecutivo Federal de partida.

Viendo los números de Peña, no se ve tan mal si se comparan con los de otros candidatos presidenciales que sí llegaron a la presidencia. Felipe Calderón tenía hasta un 35.89% de preferencia electoral. En esta comparación, Peña sale mejor parado. Pero ya comparando al actual presidente con él mismo al momento de ser electo, las cosas se ven mal hoy en día.2

 

De acuerdo a Grupo Mitofsky, de los 21 mandatarios del continente, el titular del ejecutivo ocupó el lugar número 12 de los mandatarios con un 39% de aprobación el año pasado (mayor que con el que llegó), el primero fue el presidente de República Dominicana, Danilo Medina con el 89% y la última fue la entonces presidente de Brasil Dilma Rouseff con el 10%.

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Considera Mitofsky que el nivel de aprobación del mandatario mexicano es una evaluación baja. Ahora, de acuerdo al documento “Enrique Peña Nieto. 15 trimestres de gobierno”, publicado por esa misma encuestadora en agosto del año pasado:

“29% de mexicanos aprueban en general el trabajo del presidente Enrique Peña Nieto y 65% lo desaprueba, estos porcentajes son los más negativos en lo que va del sexenio.

Al observar las evaluaciones hacia todas las autoridades de agosto de 2007 a agosto de 2016, en los últimos tres años cayó 27 puntos la evaluación promedio por los gobernadores y 13 puntos la de presidentes municipales, que por primera vez superan en promedio la aprobación de gobernadores.

En agosto de 2016, la inseguridad es a decir del 31% de ciudadanos el principal problema del país, su mayor porcentaje en este sexenio, además de ser el problema que más incrementa en un año.” (Consulta Mitofsky, 2016)

De acuerdo a Grupo expansión:

“La aprobación a la gestión del presidente Enrique Peña Nieto alcanzó un mínimo histórico, de acuerdo con una encuesta del diario Reforma que la coloca en 30%, el nivel más bajo desde 1995.

La tasa de desaprobación para el titular del Ejecutivo es la más alta, no sólo en lo que va de su administración, sino en comparación de sus tres antecesores: Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón.

En julio del año pasado, el mandatario federal registró una aprobación del 34%, mientras que su gestión fue calificada con 4.7 puntos de 10 por los ciudadanos consultados.

La calificación al trabajo del presidente, en una escala del 0 al 10, también cayó a 4.4, cinco décimas por debajo de la que obtuvo en diciembre pasado.” (Expansión, 2016).

Puesto que ya es fin de año y el próximo es cuando se colocarán los candidatos para la elección del 2018, vale analizar qué ha afectado más a la imagen de Peña. Los principales hechos que han desatado percepciones malas para el PRI y Peña han sido:

  • Los escándalos de prostitución dentro del PRI-DF, siendo el presidente del mismo, Cuauhtémoc Gutiérrez
  • El caso del ex-gobernador de Veracruz, Javier Duarte, respecto a sus asuntos de corrupción y desvíos de recursos
  • Las protestas por parte de los alumnos del IPN en el 2014
  • La desaparición de los 43 normalistas en Ayotzinapa en el mismo año
  • El caso de la “casa blanca” de Angélica Rivera
  • El escape de Joaquín “el Chapo” Guzmán en 2015
  • La visita de Donald Trump a México

Ahora bien: el caso de Cuauhtémoc Gutiérrez fue muy mal manejado, pues al poco tiempo de ser separado de su cargo, se supo que seguía libre y teniendo injerencia dentro de las filas priístas de la Ciudad de México. El caso de Duarte, hasta ahora, ha sido manejado con altibajos; una vez que salió de su cargo, la respuesta de la autoridad fue en exceso lenta, lo que dio oportunidad de que el exgobernador escapara: al día de hoy sigue prófugo está entre los más buscados  por la PGR. Esto último sería un buen manejo del caso si las investigaciones llevan efectivamente a su captura.

Sobre las protestas por parte de los alumnos del IPN en el 2014: el caso se apagó por sí sólo y bajo el peso de eventos más graves aún como el que citaremos a continuación de éste. El hecho dividió a la ciudad, pues no muchos estaban tan de acuerdo con los alumnos, sin embargo, Miguel Ángel Osorio Chong tuvo a bien salir en un mitin para dialogar con los estudiantes inconformes. Aunque este hecho fue bien visto en general, Chong no llevó a más este hecho con una respuesta rápida y satisfactoria para el movimiento el Politécnico.

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Sobre la desaparición de los 43 normalistas en Ayotzinapa en el mismo año: las investigaciones fueron en extremo lentas, las conclusiones de las mismas fueron constantemente refutadas por la opinión internacional y la opinión pública esperaba detenidos relacionados a presidencia o al ejército, pues la captura del alcalde de Iguala, José Luis Abarca no fue suficiente.

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Respecto al caso de la “casa blanca” de Angélica Rivera: Angélica Rivera salió en cadena nacional a aclarar el hecho de que tuviese una casa a su nombre y relacionada con Grupo Higa, constructora que realizó diversas obras públicas en el Estado de México mientras Enrique Peña Nieto fue gobernador. Sin embargo, en aquel mensaje, Angélica Rivera se notaba enojada con la opinión pública por sospechar de su propiedad, y el mensaje implicaba que prácticamente le hacía un favor a la opinión pública explicando tal asunto. Esto fue mal visto por diversos medios, pues si en verdad no hacía nada malo, debía aclarar la situación de manera tranquila y comprensiva, y no altanera y fastidiada. Lo más incoherente del mensaje, desde el punto de vista de la imagología, es que declarase que iba a vender la propiedad, pues si la casa no venía de algún hecho ilegal, no tenía por qué deshacerse de ella; y aun así, esa venta no ocurrió o al menos no se hizo un gran anuncio de la misma.

El manejo de una crisis debe ser hecho aceptando el hecho y la responsabilidad, no minimizándolo y resarciendo el daño de ser posible. El mensaje de Angélica Rivera, rescatando lo dicho antes sobre el manejo de crisis, no aceptaba de manera adecuada el hecho, lo desvirtuaba y minimizaba (en todo caso debía expresar que entendía que el adquirir aquella propiedad se veía mal, y ofrecía disculpas por ello).

 

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La disculpa posterior del presidente respecto al tema fue intrascendente, y el reestablecer la Secretaría de la Función Pública podría tratar de corresponder al concepto de la Agencia de Giandomenico Majone, que establece que la Agencia se establece para realizar el trabajo de una autoridad de manera externa a ésta, y que no tiene compromisos políticos, por lo que se compromete aún más con su objetivo, otorgando credibilidad a la autoridad que la creó; sin embargo, no fue así y los medios en general lo vieron como un tema de burla, pues las agencias que describe aquel autor tienen un alto grado de independencia para aumentar la credibilidad. En este caso, dicha independencia era inexistente, y por lo tanto la credibilidad también.

El escape de Joaquín “el Chapo” Guzmán: su recaptura fue un buen resultado, sin embargo, el hecho de que el anuncio de ella fuese con un “Misión Cumplida” por parte del Secretario de Gobernación y un evento ante los medios como si de celebración se tratara, fue muy mal visto. El discurso de este hecho no fue bien manejado, pues el público pensaba que su escape y la manera en que éste se dio, fueron absurdos y nada de lo que Presidencia se debiera enorgullecer.

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La visita de Donald Trump a México: en su momento fue muy mal visto, pues, aunque se invitó a ambos candidatos a la presidencia de Estados Unidos, sólo Donald Trump, quien goza de una pésima imagen pública y política en México, aceptó esta invitación, esto mermó la percepción del mandatario mexicano, pues la opinión pública esperaba, además y como mínimo, una opinión firme contra el muro que en ese momento el candidato republicano expresaba que quería construir en la frontera México-EUA. Sin embargo, su reciente victoria es un hecho que sorprendió a muchos, sobre todo ante la previsión que demostró el Presidente ante esto, al igual que Luis Videgaray, el entonces secretario de Hacienda, pues se rumora que fue idea suya dicha invitación, específicamente, la hecha a Donald Trump. Esto puede ser capitalizable en cuestiones de imagen política si se sabe aprovechar.

60831119. México, 31 Ago 2016 (Notimex- Gustavo Durán).- El presidente Enrique Peña Nieto recibió al candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, hoy en la residencia oficial de Los Pinos. NOTIMEX/FOTO/GUSTAVO DURAN/FRE/ACE/

Viendo todo este panorama, podemos establecer las medidas generales que el presidente debe tomar respecto a los temas que aún puede rescatar y hacer que el recuerdo de los mismos dentro de los electores sea mejor que el que hoy se tien:

  • Cuauhtémoc Gutiérrez debe, al menos, ser expulsado del PRI y ser llamado a juicio por, cuando menos una denuncia de alguna de las mujeres involucradas en aquel escándalo, y dicha denuncia debe ser alentada desde las filas del PRI-DF.
  • El hecho de que Javier Duarte esté entre los más buscados por la PGR debe llevar efectivamente a su captura y dictamen de auto de formal prisión.
  • La propiedad de Angélica Rivera en Lomas de Chapultepec debe ser vendida.
  • El gobierno de Enrique Peña Nieto debe ser más enérgico con respecto a las políticas de Donald Trump, aprovechando el hecho de que éste ha estado moderando su discurso. Además, si Trump logra tomar el cargo en Enero, lo más probable es que se deslinde un poco del gobierno de Peña, pues éste ya va de salida, y el próximo mandatario mexicano será crucial en caso de que el magnate presidente norteamericano electo busque la reelección, pues deberá tratar con él por los próximo 6 años. Esto da más capacidad de maniobra en cuanto a sus declaraciones a la actual administración, y hace aún más crucial mejorar la percepción del PRI de cara al 2018.

Cada medida ya mencionada debe ser anunciada de manera extensa en todos los medios de comunicación. Si bien, es muy poco probable que se lleven a cabo estas acciones, pues el manejo de la percepción en el partido siempre se ha basado en apariencias, y nunca en lo que hoy parece importar cada vez más: los resultados y el cumplimiento específico de lo que se promete en las declaraciones.

Si bien el problema de la credibilidad se debe, entre otras cosas, a que la forma de gobierno democrática tiende a gobernantes que no cumplen sus promesas, esto debe cambiar si se deja de pensar en la figura de un presidente que no puede ser reelecto, y se comienza a  pensar en un partido político que desea volver a colocar a un candidato como presidente y en la credibilidad que le impregna la figura presidencial actual al PRI.

La imagen creada debe corresponder con la esencia. Si un partido como el PRI desea mejorar su imagen, exponiendo ésta como la de un partido que sabe gobernar efectivamente, debe crearse antes esa misma esencia con resultados. Las 4 medidas ya citadas, son las que este escrito sugiere para iniciar. Sería un plan inicial de emergencia para el partido tricolor rumbo al 2018, aunque, siendo el PRI como es, sería más bien una lista de deseos.

¿Puede mejorar la imagen del presidente? Sí, pero no quiere.

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