La TwittPlomacia, Capítulo 2017.

Sí: es bien sabido, conocido y entendido que las redes digitales actuales permean de una manera rápida-expedita y casi de formas insospechadas en las reacciones internacionales, en la economía, en la política, en la diplomacia… en casi todos los aspectos que creemos posibles y hasta en los que no, también.

El actual presidente de los Estados Unidos ha hecho de Twitter una extensión no oficial de su política interna y externa; ha hecho de esta red el atril virtual desde donde, en 140 caracteres, expresa una a otra sus ideas, acciones, direcciones o actitudes hacia lo que considera las principales acciones de su gobierno.

Sin embargo ocurre que a través de esta red se está haciendo común que la economía reaccione, que los políticos “debatan” y que la sociedad se entere de lo que está pasando en su entorno; claro, la sociedad que cuenta con una computadora, acceso a internet, teléfonos inteligentes o tablets, tiempo y necesidades básicas cubiertas que les dan: la tranquilidad, el ocio o bien la expedita venia de conectarse a las redes… ¡ah sí! y una cuenta de Twitter o, en el caso de las cuentas públicas, el interés por acceder a su contenido desde cualquier plataforma y navegador. De igual manera twittear se está volviendo una necesidad básica: eso y tomar agua. A veces ya menos importante pareciera lo segundo.

Lo irónico de esta red social, que permite expresarse de manera breve y conectarse con el mundo, es que no se trata precisamente del medio masivo más consultado y seguido, ni del que el mundo este ávido; esto pese a que pareciera que los medios tradicionales día a día se esmeran en promocionarlos (a candidatos, funcionarios y otras personas de carácter público) e insistir que “los sigamos” por dicha vía; y es que en el transcurso de un día normal, escuche usted a los conductores de noticias, de espectáculos, de deportes, etcétera: “sígame en mis redes: @fulanito, @menganita”; ¿pero para expresar qué? Quizá que están degustando una pasta o que está en el tráfico de la ciudad, tratando de desplazar en gran medida lo que en otros tiempos era mucho más trascedente: la información.

Esta semana las relaciones entre México y Estados Unidos alcanzaron uno de sus puntos más bajos en décadas, cortesía del actual mandatario estadounidense y de su empeño ciego en la construcción del muro fronterizo. Lo preocupante es tener un mercado de valores atado a lo que el señor Trump decida publicar desde la comodidad de… pues de donde se sienta más cómodo (incluya su propia idea de dónde usted estaría cómodo utilizando su Smartphone a las 7:30 a.m.).

La política decidida vía esta vía hoy en día parece mostrar que las Secretarías y Ministerios de Relaciones Exteriores están pendientes de una red social y de los 140 caracteres que a un líder nacional se le ocurran para reaccionar… ¡ah!; pero solo para estar a la altura: contestar por la misma vía. Luego entonces, Twitter se convirtió en la arena donde se “arreglan las diferencias” entre “los pudientes” del barrio. Los demás, “los de a pie” siguen mandándose memorándums y notas diplomáticas.

Sí, hoy en día resulta que: la diplomacia, la vida pública, la economía, los planes de gobierno y de acción, los resultados medibles de las promesas de gobierno, las noticias urgentes, etcétera están secuestradas a contestarse en 140 signos para estar pendiente de qué se dirá por esta vía. Todos los funcionarios abren una cuenta para estar “comunicados con la sociedad”, para estar expuestos al ojo calificador del pueblo: ese pueblo que sin duda está ávido de retroalimentación. Entre tanto detectan, comparten y exponen un lord y una lady cada semana.

La diplomacia está a expensas de lo que un loco, tirano, misógino, homófobo o genio, empresario y magnate (decida usted su punto de vista) diga y dicte desde su cuenta. También a expensas de ello está la idea que le venga en gana a la mente y la publique, por genial o denigrante que ésta sea. La respuesta de los Estados afectados, inmiscuidos o actores internacionales se dará tarde o temprano… por esta misma vía, y como en un juego de tenis, el resto del mundo, como espectador, está viendo pasar los mensajes, los twitts, de un lado a otro y rápido, con velocidad exagerada, vemos los dedos de los comunicadores moverse, así como a los ciudadanos compartiéndolo en sus redes, con ello participando “activamente” de las discusiones, lo cual sin duda los vuelve más preparados, informados y críticos.

La twittplomacia está cimentada en esta idea de discutir de 140 en 140, y tristemente pareciera que “el que tenga más mensajes compartidos gana”. El fondo se está dejando de lado, las formas están cambiando: no se discute, se agradece en muchos casos; pero en la gran mayoría dejan la sustancia de lado, el trasfondo se pierde entre “likes” y popularidad. El dólar sube o baja en función de estos mensajes: tristemente ya ni siquiera en función del IPC o de la Bolsa Mexicana de Valores, primero revisamos “qué se dijeron”, ya después veremos cómo actuamos.

Permítame lector la analogía: antes en las peleas de barrio había honor, era uno contra uno, así fuera el bravucón contra alguno de los débiles. Si se faltaba a esta regla se formaban bandos y se repartían golpes y mentadas. Al final se sanaban las diferencias o se profundizaban, no sin antes una muestra de respeto mutuo por haber “salido al tiro”. Hoy se cuela el presidente de Israel a la gresca Mexico Vs. Estados Unidos. En México se indigna la sociedad (primero aquella conectada a redes), luego la respuesta se da a través de la misma vía (aquí se indignan los que no tienen dicha red, pero se vieron interrumpidos en su búsqueda del video del día) y al final el conflicto persiste, pero las acciones escasean.

Habrá quien elija seguir los medios tradicionales y agradezca día a día abrir su periódico de preferencia y leer las noticias, escuchar su noticiero preferido de acuerdo a su horario, y en él, a los periodistas, locutores, comentaristas y analistas de su confianza e interés. Habrá también quien centre su fe y conocimiento en cuanta página de Facebook publique algo referente a lo que sea de su interés, y sí, habrá quien maneje más de 10 redes sociales y de todas ellas conformen su opinión.

Sin embargo, seguir reduciendo el campo a 140 caracteres y con ello partir a temas complicados y más profundos _cuya repercusión es trascendental para la vida cotidiana de países enteros_ será seguir reduciendo un aspecto fundamental a una discusión entre adolescentes, que deja detrás miles de interpretaciones, pero que en aras de la modernidad y de la inmediatez, exige quedar bien con el uso de la tecnología y las redes sociales, porque es lo de hoy, la manera de hacer las cosas.

Y es que, en serio: si nos vamos a defender de las agresiones del vecino del norte a “Twittazos”, mucho agradeceremos sea con sustancia y con un plan de acción bien cimentado, calificado y estructurado. La twittplomacia llegó no sé si para quedarse, pero mientras esta aquí asegurémonos que no sea la única vía de acción, sino más bien una alternativa en este mar de desinformación, en el exceso de “información” que ya flota y es atrapada por estas redes digitales, mismas que hoy día nos traen más mareados que ubicados y en ocasiones, lejos de brindarnos un apoyo para fundamentar nuestras opiniones, las confunden, distorsionan y complican más.

Ya no más twitts que modifiquen la economía, las acciones diplomáticas o las acciones de un gobierno. ¿Dónde quedó esa bonita tradición de saludarnos entre usuarios de redes en lugar de competir por ver quien tiene más “likes” o seguidores? No más twittplomacia, por favor. En su lugar, mayor razonamiento, acción y verdaderos estadistas.

Síganos en @….

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